jueves, 14 de junio de 2012



Que no, que nunca serás tú.
Nunca lo entendiste.
Que basta con dejarse ser tú, para evitar la aproximación de mi yo.

Nunca lo entenderás.
Los pronombres no fueron lo nuestro.
Ellos urdieron demasiado. ¡Sí! ¡vosotros, malditos!
Especularon al alza con su ideal de amor tan ajeno a nos.
Él, ese plural imperfecto, tan atractivo por canalla
que suele repetir patrón, y acabar siempre siendo él.
Él. Tú. Que es casi lo mismo.
Pero sin serlo.
Que roza la agonía histérica del incondicional yo que exige un poco de su dosis,
pero que rehusa, elude, repele todo lo relativo a cualquier aleación, que nos incluya.


Y sí. A veces te pienso. Pero alejado, feliz con otro yo, con otra ella.
Es mejor así.

De ese modo cuando nos volvemos a mirar, fluimos más intensamente sin dejar de ser tú y yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario