Confieso que he querido.
Que he cedido al deshielo,
a la vida rajando espejos,
a los versos suturando heridas
y a la desconfianza reabriéndolas.
Confieso que he creído,
que me he prohibido caer de lleno,
desnudar mi vida.
Confieso que, a pesar de todo, he sobrevivido.
Y puede que tampoco sirva de mucho.
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