A veces es necesario salir de ti. La vida ahoga demasiado.
El problema radica en no tener clara la estrategia de resolución de conflictos, internos.
O en no saber gestionar el miedo que tengo a compartirme.
El dilema. El gran dilema de cómo vivirme, de cómo sobrevivir en mí.
No es que no sea capaz de socializarme, de convivir, de dialogar, de disfrutar de la compañía.
Mi eterno problema siempre será cómo lidiar conmigo, la batalla sobre cómo emerger.
El miedo infinito, ese que no cesa y que acompaña mi latir. El enemigo debiera ser él, y no yo.
Pero es el pánico a la fuga, tu fuga. Como siempre sucede.
Y al final me veo sola y bajo esta lluvia interna.
Aquí dentro, ya sabes, las cosas funcionan de un modo un poco diferente.
Y aún hay matices que no he logrado aprehender.
Los cambios físicos son enormemente reveladores cuando existe una necesidad interna de cambio.
Es un modo de autoconvencerme de un nuevo comienzo.
Como la necesidad de rasgar mi exterior cuando mi interior se rompe en pedazos.
Es mi gran incapacidad, la de exteriorizarme a través de la palabra hablada.
He re.comenzado a dar pasos. He re.comenzado la tarea, cómo dirían algunas personas que conozco, del "pequeño placer de confiar". Que desde aquí sabe, a veces, la mayor parte del tiempo... mucho más a penitencia que a gloria. Hasta ahora todo salió mal. Me dejaré la piel por que salga bien.
Dispuesta estoy, Em. Que nos valemos y nos bastamos.
Será posible. Lo haremos posible.
Que nos queda el mundo.
Gracias. Mil.
