Miro al mar esperando respuestas y sólo me llevo el murmullo de las olas.
El silencio siempre se contempló como una respuesta alternativa.
Abandonar una botella a su suerte en medio del océano siempre me pareció una crueldad.
Total, ¿esperando que tú la recojas?
Prefiero brindar. Y que (nos) bebamos.
No, amor, no, ahora sólo busco que los sobres de azúcar me resuelvan la herida.
Y, sin buscarlo, escribir basura para cenar.