Recuerdas aquella vez
en que tú me invitabas a vino.
También recuerdas la intensidad, tono y timbre de cada uno de mis "noes".
Recuerdo cada roce, ardor y deseo, cada vacío y ausencia, el ardor del éxtasis sin ti.
Pero también exigiéndolo contigo.
Ojalá dejes de pensarte que soy para cada uno de los que me consideran: segundo plato o postre.
Que no soy de ti, ni de nadie.
Que llevas demasiado tiempo sin contar que soy
desde mí y contigo cualquier "mejor opción" que se te pase por los labios.
He guardado desde entonces cientos de botellas, esperando abrirlas contigo.
Nadie mejor que yo para estrellar una a una en cada uno de tus pseudo-síes.